Vestir la plaza. unparelld’arquitectes: Eduard Callís, Guillem Moliner

Fotografía: Roger Serrat-Calvó; La Comarca d’Olot
El carácter del espacio público condiciona la apropiación que de él hacemos los ciudadanos. Luciendo un nuevo vestido, la plaza de Sant Miquel de Olot adopta un tinte doméstico, induciendo a percibirla como la estancia comunitaria del barrio. Con el mínimo coste, se establecen las bases para que se convierta de nuevo en el centro de la vida social, en un espacio de relación inclusivo para todos los vecinos.

Aplicando una capa selectiva de pintura, la intervención lee y pone en valor la cualidad espacial, la geometría y los sistemas constructivos de la plaza. Coronamientos, estampados y alfombras otorgan ligereza, luminosidad y color a las paredes de bloque de mortero, partiendo de la misma modulación y reforzando la naturaleza textil del soporte.

Los motivos geométricos evocan el campo de lo doméstico y también aquellos actos que identifican el barrio, como el desfile de vestidos de papel, el baile de gigantones o los conciertos en la carpa. La actuación refuerza la singularidad de cada ámbito, pero por encima de todo, propicia un talón de fondo capaz de acoger confortablemente a un abanico más amplio de actividades y de usuarios, incluyendo el juego.

El proyecto define y desarrolla una de las acciones acordadas en el Plan integrado de rehabilitación urbana, fruto del proceso participativo liderado por Paisaje Transversal. Como la sal potencia el sabor del guiso, la justa medida de pintura refuerza el carácter integrador y la identidad de la plaza y por extensión del barrio.

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